22/07/2006

Frente al espejo

"En el Perú, la vida de un perro vale más que la de un juez", terrible afirmación a la que llega Jimena Sánchez Velarde en un interesante artículo publicado en su blog "Huyamos del Montón". Y todo parece indicar que tiene razón.

Hace dos días el juez Hernán Saturno Vergara, encargado de 19 procesos contra el famoso cartel de Tijuana, fue asesinado. Todo indica que los autores de este indignante crimen fueron miembros de la banda de narcotraficantes a la cual el juez estaba juzgando. Luego de la conmoción inicial, la noticia está siendo  tratada por la mayoría de medios de comunicación como un caso policial más, y, con la sangre recién derramada, el tema ya empezó a perder el interés, si alguna vez lo tuvo, de la opinión pública.

Por otro lado, tenemos el caso del perro Lay Fung, quien mató a un supuesto ladrón que entró al depósito donde este se encontraba. Cuando todo parecía indicar que el perro sería sacrificado, un gran sector de la sociedad y de la prensa reaccionó indignado, clamando por la vida del animal. El caso lleva más de una semana en el debate público y parece estar lejos de agotarse. Todos quieren saber más sobre el perro, todos quieren que la historia termine con Lay Fung libre, moviendo alegremente la cola.

Mientras las muestras de apoyo al can no han cesado, no ha existido una sola manifestación de rechazo por el asesinato del doctor Vergara, quien ni siquiera fue velado en el Palacio de Justicia. Todos claman por la vida del animal, pero las voces que piden mayor resguardo para nuestros jueces son minoritarias.

A quienes consideran que esto es una exageración, los invito a que hagan el siguiente ejercicio. Pregúntenle a las personas de su entorno cercano el nombre del rottweiler al que hago referencia en este artículo. Ahora pregúntenles a las mismas personas por el nombre del juez asesinado. Parece increíble, pero la sociedad está más preocupada por la vida del perro que por la vida del juez.

El escritor francés Nicolás - Sebastián Roch Chamfort dijo alguna vez que la sociedad sería una cosa hermosa si se interesaran los unos por los otros. Por lo visto, nosotros nos encontramos muy lejos de poder cumplir ese deseo.

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21/05/2006

Bambarén sí baila mambo

Noticia publicada hoy domingo 21 de mayo en La República.

Cipriani pierde los papeles y ataca a Bambarén

Por "El Código da Vinci" • Tensa relación entre el Opus Dei y la Orden jesuita se agrava • Cardenal se enoja con obispo por contradecir su exhortación a no ver la cinta de Dan Brown • "Cada vez que hablo, Bambarén dice lo contrario; esto tiene que acabar", dice Cipriani. 

Las relaciones entre el Opus Dei y la orden de los jesuitas no han sido de las mejores en el Perú. Pero esta vez han alcanzado su punto más crítico. Esto debido a las posiciones contrarias que existen entre ambos sectores sobre "El Código Da Vinci", película donde se cuestiona la divinidad de Jesucristo.

La cabeza visible del Opus Dei en el Perú, el cardenal Juan Luis Cipriani, lanzó duras críticas al obispo jesuita Luis Bambarén por contradecir su exhortación a los católicos a no ver el filme. "Cada vez que hablo yo, Bambarén dice lo contrario y esto tiene que acabar", fustigó, con su estilo, Cipriani, quien rechazó que su colega sostuviera que cada persona es libre de ver o no la película.

"Es un escándalo"

"Es un escándalo cómo un obispo ataca la opinión del cardenal. Este tema ha sido un escándalo y un error de monseñor Bambarén de estar atacando al que fue obispo auxiliar de Ayacucho, arzobispo de Ayacucho, arzobispo de Lima y ahora cardenal de la Iglesia Católica", sentenció.

Como arzobispo de Lima, Cipriani Thorne aseguró que él es la voz de Cristo para que los fieles puedan reconocer su enseñanza, y reiteró a los católicos que eviten ver esa película porque "pone en peligro" al catolicismo.

Cipriani no mencionó que no solo Bambarén se ha mostrado en contra del veto a la taquillera película. El propio presidente de la Conferencia Episcopal Peruana (CEP), Miguel Cabrejos, también afirmó que los católicos pueden verla, pero con "espíritu crítico".

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18/05/2006

El Cardenal no baila mambo

It is absurd to have a hard and fast rule about what one should read and what one shouldn't. More than half of modern culture depends on what one shouldn't read. - Oscar Wilde
   

En la década de los cincuenta, el mambo era uno de los bailes más populares en la región. Dámaso Pérez Prado, creador de la forma de bailar dicho género, fue sin duda su más grande exponente. En abril de 1951, Pérez Prado anunció su venida a Lima, donde daría un gran concierto en la famosa Plaza de Acho. El cardenal de ese entonces, monseñor Juan Gualberto Guevara, amenazó con la excomunión a todo aquel que se atreviera a ir al concierto a bailar al compás de un baile que él consideraba inmoral. La plaza de Acho se llenó y Lima bailó al ritmo de mambo. El concierto fue un éxito.

El día de hoy se estrena en el Perú la película "El Código Da Vinci", adaptación cinematográfica del bestseller de Dan Brown. El sábado, el máximo prelado de la Iglesia Católica en el Perú nos hizo recordar el incidente que hubo entre monseñor Guevara y el mambo de Pérez Prado.

Monseñor Cipriani dedicó gran parte de su programa radial a atacar dicha película, llamándola "blasfemia y burla contra el señor", y dijo que los católicos no se podían quedar indiferentes ante este "insulto al Todopoderoso". Al día siguiente continuó con el ataque, dedicándo su homilía dominical en la Catedral de Lima a exhortar a todos los católicos a no ver esa película, llamándola "terrorismo de guante blanco" y pidiendo que "no le den dinero a quienes dañan nuestra fe". Esta reacción resulta interesante pues no se trata solo de un militante del Opus Dei defendiendo los intereses de su congregación frente a una película que no los deja muy bien parados, esto representa muy bien la actitud de la Iglesia, que se niega a aprender de sus errores.

Y es que este tema no empezó con Pérez Prado ni terminará con Dan Brown. La censura ha acompañado a la Iglesia desde siempre. Hasta 1966, por ejemplo, había una lista oficial de libros prohibidos por la Iglesia. En dicha lista se encontraban Copérnico, Balzac, Voltaire, entre otros.

El máximo representante del catolicismo en el Perú, y la Iglesia en general, no entiende lo irritante que le resulta a los fieles (y no fieles) ese tipo de declaraciones, y de lo contraproducente de las mismas. A las personas no les gusta que les recorten su libertad, y menos por motivos tan absurdos (¡se trata de una obra de ficción!). La plaza de Acho se llenó con Pérez Prado, los cines se llenarán con el Código Da Vinci.

Por otro lado, hubiera sido interesante ver este vigor e indignación del cardenal Cipriani cuando era obispo de Ayacucho en la época más cruda del terrorismo y donde la violación de Derechos Humanos campeaba, incluso por parte de las fuerzas del orden llamadas a defender a la población. ¿Dónde estaba la ira del monseñor en esos momentos? ¿Por qué esta indignación ante lo que el llama "terrorismo de guante blanco" y el más profundo silencio frente al terrorismo real?

Este es uno de los motivos por los cuales se ha dado una importante disminución de católicos, casi a ritmo de mambo, en nuestro país y en el mundo. La población siente que la iglesia católica se encuentra ajena a sus problemas y a su realidad. Posturas como la del rechazo a los métodos anticonceptivos, indiferencia frente a graves crisis sociales, discriminación a homosexuales, y, como en el caso de esta película, censura a obras de ficción, no hacen sino ahondar dicha percepción.

Monseñor Luis Bambarén S.J es una de las honrosas excepciones en este panorama desalentador dentro de la Iglesia. Bambarén siempre ha tenido una postura pública muy cerca de las preocupaciones e intereses de la población. Personaje clave en la fundación de Villa el Salvador, ha sido también integrante de la Comisión de la Verdad y Reconciliación. El año pasado lideró una multitudinaria marcha anticorrupción, que ayudó a traerse abajo la nefasta "ley Wolfenson".

El día de ayer, Monseñor Bambarén se ha pronunciado a favor de que la población decida si quiere o no ver esta película. Él entiende que la Iglesia no puede pretender recortar las libertades de sus miembros, y menos estar opinando sobre temas tan fútiles, como es el bestseller de Dan Brown. Lamentablemente, parecen ser pocas las voces lúcidas como la del monseñor Bambarén dentro de la Iglesia. O, en todo caso, están alejadas de los puestos importantes dentro de la misma.

Si la iglesia católica no se da cuenta de sus errores y enmienda el rumbo, el número de fieles seguirá decreciendo, y el de agnósticos o evangélicos aumentando. Si la iglesia continúa dejando de lado a personas como Bambarén y sigue nombrando a ultraconservadores como Cipriani en los máximos cargos,   puede que llegue el día en el que el mambo "Adios", de Pérez Prado y Rosmary Clooney, cobre un nuevo significado para la Iglesia Católica. "Adios, the time is come to say adios you and I, I hope you keep a place for me in your memory..."

Posted by Alberto at 07:25:51 | Permanent Link | Comments (1) |

13/05/2006

Metro cuadrado de poder

Encontré esté artículo en mi archivo, el cual me pareció muy interesante.  He decidido publicarlo porque, pese a haber sido escrito en 1999, creo que todavía guarda plena vigencia. El artículo es escrito por mi padre, ustedes sabrán disculpar mi parcialidad (y juzgarán si es tal).

Un metro cuadrado de poder

Por: Javier de Belaunde L. de . R.

Publicado en: IDEELE 124 (dic 99 - ene 2000)

Creo que una de las características de nuestra sociedad es que todo aquel que tiene algo de poder lo ejerce arbitrariamente. No me refiero sólo a quienes desempeñan funciones públicas. Basta que alguien tenga "un metro cuadrado" de poder en cualquier campo o quehacer de la vida social, para que la tendencia sea a usar y abusar de él, con la actitud de quien se siente propietario de un territorio y, claro, el propietario tiene las atribuciones de usar, disfrutar y disponer de un bien.

Nos caracteriza, pues, el uso del poder, de cualquier poder, como si fuera un bien de propiedad de quien lo tiene. Así, la legitimidad se da por sí misma, no hay que rendir cuentas a nadie, entre otras cosas porque hay una cierta complicidad social, una suerte de "ética del metro cuadrado de poder".

"Hoy por mi, mañana por ti"
El boletero de un espectáculo público codiciado "reserva" entradas para sus allegados, no importa que la cola para adquirirlas dé vuelta a la esquina. La señora, que está a punto de llegar al lugar de venta considera "malagracia" a quien protesta porque hace entrar en la cola a una amiga sonriente y presurosa. La señorita de la ventanilla de un banco, no importa cuan sofisticado sea el mecanismo diseñado para hacernos sentir que no hacemos cola, se da maña para prescindir de tal mecanismo y atender a un amigo apurado que llega súbitamente. El portero de una oficina pública o privada abre o cierra el ingreso con puntualidad y humor que él determina, haciendo del maltrato, generalmente de acuerdo con la vestimenta de quien entró a su territorio de mando, una práctica propia del cargo. Ni qué decir del "wachiman". Todos tienen su "metro cuadrado de poder", y lo ejercen, pues.

En ciertas oficinas hay jefes que estiran este metro cuadrado con elasticidad; si no, que lo digan secretarias y conserjes. Los policías son casi filósofos prácticos, extraña combinación, de este ejercicio. Las historias de profesores abusivos parecen ser más que excusas estudiantiles por bajos rendimientos.

En algún periplo judicial me contaron de alguien que hace muchos años había sido nombrado juez y se encontró con un abogado con el que había tenido especial rivalidad forense: "Oiga mi amigo, no se olvide de que estoy en el cargo para servir a mis amigos, fregar a mis enemigos y, en el tiempo que resta, administrar justicia".

Y así, estoy seguro de que todos tenemos experiencia con ese ancho "metro cuadrado". "Oiga, cuidado que mi padrino es capitán". El problema es que ese "metro cuadrado" suele ser solo la base de "kilómetros cuadrados" en los que se repite el mismo comportamiento. La prensa amarilla ejerce la libertad de prensa abusivamente de manera impune. Valles enteros son contaminados en aras de la libertad de empresa. La televisión, ya no sabemos invocando qué libertad, nos llena de basura todos los días. El funcionario judicial no siente que debe fundamentar sus fallos buscando que sean socialmente aceptables. Los congresistas "no tienen mandato imperativo", qué duda cabe. Las renuncias de ministros por responsabilidades políticas hay que buscarlas en los libros de historia.

El otro día escuché por radio al presidente del Club Universitario de Deportes, que también tiene su metro cuadrado de poder, con tribunas, prensa y reflectores, decir algo aleccionador. La FIFA lo suspendió del cargo por faltas que le imputaron y la Federación Peruana de Fútbol lo sancionó. Él y su directiva habían desconocido la sanción de la FIFA hasta que llegó una advertencia final de este organismo: o se acataba la sanción o habría sanciones contra el club. El referido presidente dijo en la citada entrevista radial, entre otras cosas, que él contaba con el mejor abogado: el Presidente de la República, que no había acatado el fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos en el caso de los terroristas chilenos en defensa de la soberanía nacional. ¿Qué tenía que meterse la FIFA en esto?

El razonamiento me pareció impecable y, por cierto, aleccionador. Pateado el tablero por quien se siente latifundista del poder, ¿por qué no pueden hacerlo quienes se sienten minifundistas? Total, es la misma idea: el poder se ejerce de cualquier modo porque se tiene. Eso basta. Esta concepción atraviesa nuestra vida social. Para el proceso de reconstrucción democrática de los próximos años, es indispensable que la manera como ejercemos todos nuestros pequeños "metros cuadrados" de poder sea un tema de revisión.

Posted by Alberto at 07:23:03 | Permanent Link | Comments (0) |