Al Gore reciclado: ¿el próximo presidente de los EE.UU?
"I am Al Gore and I used to be the next president of the United States of America". Con esa broma, Al Gore suele empezar sus charlas ambientalistas. Sin embargo, en los últimos meses - en especial luego de ganar un Óscar - no es descabellado sostener que Gore podría convertirse, efectivamente, en el próximo presidente de dicho país.
En el año 2000 - luego de ocho años del gobierno demócrata de Bill Clinton - se realizaron las elecciones para elegir al cuadragésimo tercer presidente de los Estados Unidos. Si bien el favorito era Al Gore - quien había sido un correcto vicepresidente de Clinton - y los primeros resultados lo daban como ganador, George Bush fue finalmente elegido presidente.
El proceso estuvo plagado de irregularidades, y la batalla legal llegó hasta la Corte Suprema de Florida - cuyos integrantes eran republicanos nombrados en el gobierno de Bush padre - la cual falló a favor de George W. Bush, llegando así a la Casa Blanca. El proceso desgastó mucho la figura de Al Gore, quien se retiró de la vida pública. Los analistas políticos coincidieron en señalar que ese era el fin de su vida política, y, sobretodo, de sus aspiraciones presidenciales.
Siete años después, el panorama ha cambiado radicalmente. Si bien Gore no ha mostrado un abierto interés de presentarse a las primarias demócratas, su nombre ya empieza a aparecer en las encuestas. Pero, ¿qué hace que Al Gore vuelva a ser una posible carta demócrata a la presidencia?
Sin lugar a dudas, el principal motivo para este renacimiento político es su preocupación medioambiental. Si bien este no es un tema reciente para él - tiene un libro ambientalista, Earth in Balance, publicado en 1992 - es recién con el documental "An Inconvinient Truth" (ganador de dos Óscar) que ha logrado un verdadero posicionamiento en el tema.
Este documental no solo lo devolvió a la palestra pública, sino que le ha dado algo que los políticos buscan desesperadamente, y en lo que gastan millones de dólares en asesores para lograrlo: que cuando se hable de un problema nacional (en este caso el calentamiento global) se asocie su nombre con la solución. Cualquier político soñaría con eso, y Gore lo ha conseguido.
Además, ha pasado de ser un típico político acartonado de Washington a un simpático líder ambientalista. En esa línea, un analista político declaró recientemente a la revista Rolling Stone que lo imposible había ocurrido: Gore era percibido por los jóvenes como una persona cool (esto previo a que ganara un Óscar y apareciera como presentador de la ceremonia con Leonardo Dicaprio, imagínense ahora). Y el ser cool es siempre una ventaja para un candidato, en especial si se quiere captar el voto joven, clave en cualquier elección.
Sin embargo, Gore tiene una primera y fundamental valla que pasar para materializar sus aspiraciones presidenciales: las primarias demócratas. Como se sabe, para ser candidato presidencial de uno de los dos grandes partidos norteamericanos (el demócrata y el republicano), se tiene que ganar las elecciones primarias, proceso donde participan una docena de candidatos. En este proceso su principal contrincante será Hillary Clinton, senadora por New York, y esposa del ex presidente Clinton. Hillary cuenta con amplia simpatía en el partido, y tiene el atractivo de ser la primera mujer que va en busca de la Casa Blanca
Creo, empero, que hay elementos suficientes para sostener que Al Gore tiene las opciones de ganar dicha contienda. En primer lugar, los demócratas necesitan, para poder recuperar la Casa Blanca, a un candidato que pueda ganar en Estados conservadores, que usualmente votan por republicanos ("red states"). Hillary Clinton - pese a que en el Senado ha tenido actitudes conservadoras - es muy liberal para ello, pudiendo asegurar solo los Estados liberales, que ya suelen votar demócrata ("blue states"). Al Gore, por el contrario, y como lo demostró en el 2000, puede captar Estados de ambos colores. Recordemos que los demócratas - al igual que los republicanos - no eligen a quien puede ser el mejor presidente, sino al mejor candidato. Es decir, al que puede ganar las elecciones. En este caso, parece ser que la figura indicada para ello es el ex vicepresidente.
Por otro lado, hay un factor clave: la guerra en Irak. Recientes sondeos indican que dos tercios de los estadounidenses se oponen a dicha guerra, la cual ya ha ocasionado la muerte de más de tres mil soldados norteamericanos. Los electores buscan a alguien que pueda poner fin a dicha guerra. El problema con Hillary Clinton es el mismo que el que tuvo John Kerry en el 2004: ambos apoyaron la guerra en Irak hasta hace poco tiempo, debilitando así su posición en el tema. Por el contrario, Al Gore se opuso a la invasión desde el primer día, estando en mejor capacidad para canalizar el mayoritario rechazo que esta guerra genera.
Además, Hillary Clinton tiene problemas en construir una figura presidenciable, motivo por el cual ha lanzado su candidatura con más de un año de anticipación. Mientras ella lucha para ser vista como potencial presidenta, Al Gore cuenta con dicha figura desde tiempo atrás. Aquí el "what if" es un factor importante. ¿Qué hubiera pasado si Al Gore ganaba las elecciones en el 2000? Dicha pregunta es clave en un contexto de mayoritario rechazo al gobierno de Bush, el cual le arrebató la presidencia de forma bastante dudosa. La reivindicación de la figura de Al Gore es una forma de expresar el rechazo a Bush, y de tratar de recuperar el tiempo perdido.
Como vemos, si bien hay la posibilidad de que Al Gore no se presente, en caso de hacerlo sus posibilidades de conseguir la candidatura demócrata - y luego la presidencia - son muy grandes. Esta sola posibilidad hace que el tema sea digno de estudio y de un mayor análisis, pues nos encontramos ante un muy interesante caso de reciclaje político.



