Un gobierno facilista
Considero que los cinco meses de gobierno aprista se han caracterizado por la adopción de medidas facilistas. Es decir, ninguno de los problemas afrontados se ha realizado de forma frontal y decisiva - "tomando el toro por las astas" - sino de manera tal que la población se quede contenta con lo logrado, sin haber, en realidad, cambiado mucho la situación.
Un ejemplo ilustrativo de dicho facilismo lo podemos encontrar en la primera medida que fue anunciada por Alan García en su discurso de 28 de julio: la austeridad. El presidente ha suprimido la tinta de color en las impresoras, y los cócteles en palacio ahora son con pisco regalado. Sin embargo, el presupuesto del sector Defensa, por poner un ejemplo, sigue siendo inexplicablemente alto. Sería interesante realizar un análisis de cual ha sido el real impacto de las medidas de austeridad en el presupuesto general.
Otra de dichas medidas facilistas es la mentada pena de muerte para los terroristas. Como bien lo señaló Augusto Álvarez Rodrich, director de Perú 21, en su editorial del 19 de diciembre, dicho planteamiento no es conveniente por varias razones, entre ellas (dejando de lado las de orden ético, que son fundamentales) porque su aplicación demoraría mucho tiempo, y porque el principal problema con los remanentes subversivos es que no se les puede capturar (¿a quién le van a aplicar la pena de muerte?). La mejor manera de luchar contra la subversión es acabar con una de sus causas: la exclusión. Pero, claro, eso toma más tiempo y no da tantos titulares.
El ejemplo más reciente del facilismo gubernamental se ha dado esta semana, con los resultados de la negociación con Telefónica. Frente a un proyecto de ley aprobado por el Congreso que permitía eliminar la renta básica - concepto que, me disculparán mis amigos de derecha, no se encuentra en el contrato -, el gobierno contaba con una gran capacidad de negociación con la empresa española, lo cual se pudo haber visto reflejado en verdaderos beneficios para los usuarios. Sin embargo, los resultados obtenidos parecen una broma: se seguirá cobrando la renta básica, habiéndose reducido esta en menos de un tercio. Una caricatura publicada el día de hoy en La República resume muy bien la situación:

Lo que preocupa de este facilismo al que hago referencia es que el país vive un momento atípico de crecimiento económico, el cual debería ser aprovechado para emprender las grandes reformas que se necesitan. Sin embargo, vemos a un gobierno que parece no darse cuenta de ello, enfrascado en el día a día y en las pequeñas medidas.
Espero que no nos encontremos ante otra de esas maravillosas oportunidades de desarrollo perdidas a lo largo de nuestra historia republicana. Ojalá que la navidad ilumine a Alan y compañía, y que el 2007 venga lleno de auténticas reformas.


