26/11/2005

Elegimos un presidente, no un detergente

Si bien a ambos le exigiremos limpieza, lo que vamos a elegir el próximo mes de abril es al Presidente de la República y no a un detergente. Menciono esto porque la campaña amenaza con convertirse en una guerra de marketing más que en un debate de ideas y propuestas. Veremos a los candidatos en pueblos jóvenes, bailando huaynos, inaugurando cabinas de Internet, pero de propuestas y definiciones escucharemos muy poco. Y lo peor de todo es que les da resultado. ¿Quién puede explicar la plataforma de Ollanta Humala? Dice ser rabiosamente nacionalista, sin embargo no se encuentra una sola definición de su parte. ¿Cerrará las puertas al comercio exterior? ¿Intentará una vez más la industrialización por sustitución de importaciones? ¿Volveremos un Estado empresario? Nadie lo sabe, y a nadie parece importarle. La última encuesta de la Universidad de Lima lo muestra con un importante avance en intención de voto en la capital.(su plaza más difícil).

Y es que los candidatos le dan a los potenciales electores lo que ellos quieren. El ejemplo más representativo es el de las elecciones de 1990. Pese a la crisis social, política y económica que vivía el país, parece que no se buscaba propuestas programáticas sino a un personaje medianamente carismático y de propuestas “ligeras”. Es así que Henry Pease con la Izquierda Unida obtienen solo un 8% (pese a tener al prestigioso economista Javier Iguiñiz como jefe del plan de gobierno), y Mario Vargas Llosa con el Fredemo (y la por entonces innovadora propuesta neoliberal) pierden frente a un candidato que sus propuestas se resumían a ofrecer “honradez, tecnología y trabajo”. Fujimori fue elegido sin plan de gobierno y sin equipo. Al poco tiempo asumió el paquete neoliberal del Fredemo, pese a que el rechazo a este fue uno de los motivos de su elección.

Ese es el principal riesgo de este tipo de campañas: uno no sabe que está eligiendo. Este resulta perjudicial para la democracia, no solo porque será difícil exigirle cuentas a quien salga elegido, sino por lo rápido que la ciudadanía se desilusiona de quien han elegido. En sistemas tan endebles como el nuestro, sabemos lo peligroso que esto resulta.


Es por ello que, como electores y ciudadanos, debemos exigirle a los candidatos que nos presenten una agenda con sus propuestas para políticas de gobierno y de Estado. Me atrevo a plantear algunas interrogantes sobre las mismas, planeo revisar las respuestas a de los candidatos a ellas en sus planes de gobierno (si es que los tienen) antes de decidir mi voto.
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Preguntas en espera de respuestas:

  • CVR. ¿Se piensan implementar las recomendaciones de la CVR y su programa integral de reparaciones?
  • Reforma del Poder Judicial. ¿Cuál es su posición frente a la CERIAJUS y como piensa implementar sus recomendaciones?
  • Educación. ¿Cuánto porcentaje de nuestro presupuesto irá a Educación? ¿Se cumplirá por fin lo que dice el Acuerdo Nacional?
  • Regionalización. Luego del fracaso del referéndum, ¿Cómo se planea eguir impulsando dicho proceso?
  • Política Anticorrupción. ¿Se piensa retomar el trabajo de la comisión nacional anticorrupción? ¿El contralor de la República será propuesto por el oficialismo o por la oposición?
  • Políticas de salud reproductivas. ¿Cómo piensa impulsarlas? ¿Cuál es su posición frente a la AOE?
  • Comercio exterior. ¿Se piensa seguir negociando tratados de libre comercio con otros países? Si es así, ¿se planea realizar estudios previos del impacto que estos generarían, para ver que áreas se deben proteger?
  • Defensa. ¿Se seguirá promoviendo el armamentismo?
  • Ministros. ¿Se planea tener los llamados ministros-fusibles o serán funcionarios que acompañarán al presidente los 5 años?
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19/11/2005

Ardió Francia

Ardió Francia. Durante diecinueve noches disturbios callejeros en todo el país generaron 8700 autos quemados y más de 2700 detenidos. ¿Qué está sucediendo en el viejo continente?


El 27 de octubre dos jóvenes, pertenecientes a una minoría étnica, murieron electrocutados al intentar escapar de la policía en el empobrecido suburbio de Chilchy-sous-bois, al noreste de París. La muerte generó disturbios violentos por parte de grupos juveniles de barrios marginales. Estas protestas se vieron atizadas por el Ministro del Interior Nicolás Sarkozy, quien llamó a los revoltosos “basura y gente despreciable”. Pese a la fuerte represión policial, las protestas se agravaron y se propagaron por toda Francia como reguero de pólvora. Francia no era testigo de una movilización de tamaña magnitud desde las míticas protestas de mayo de 1968.


Una de las explicaciones que se ha esgrimido para este fenómeno es que se trata de acciones dirigidas por líderes musulmanes. Esta teoría es fácilmente rebatible, pues a los dos días de iniciada la revuelta, representantes de la comunidad musulmana hicieron un llamado a la calma y la dignidad, en una marcha de silencio donde participaron más de quinientas personas. Una semana después la Unión de Organizaciones Francesas Islámicas publicó también un comunicado condenando la violencia. Además, como para que no quede duda del carácter eminentemente social y no religioso de los hechos, a los pocos días de iniciarse los disturbios la tradicional Unión de Trabajadores de Francia se declaró en huelga y se unió a las protestas.

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Entonces, ¿ante que nos encontramos? Sostengo (y no soy el primero), que se trata de una desesperada búsqueda de ciudadanía por sectores marginados de la sociedad francesa. Jacques Chirac, presidente francés, en unas recientes declaraciones sostuvo que “sin importar nuestro origen, somos todos hijos de la República y todos tenemos los mismos derechos”. Pese a lo hermoso de la frase, el panorama es distinto en la Francia de hoy. La libertad, igualdad, y fraternidad – principios de la revolución francesa – han sido olvidadas por una sociedad cada vez más desigual, y donde hay desigualdad no puede haber ni libertad ni fraternidad.


Se dice que los causantes de esto son inmigrantes ilegales – justamente discriminados, según la derecha francesa - que deberían ser inmediatamente expulsados de Francia, pero de los 2700 detenidos, solo el 7% son extranjeros. La mayoría de los manifestantes son jóvenes hijos o nietos de inmigrantes legales, franceses documentados, “hijos de la República”.


Parece que en realidad se tratase de hijos no reconocidos de la República. No tienen acceso a servicios básicos, como salud, ecuación y vivienda digna. El desempleo en Francia es del 9%, sin embargo entre los descendientes de inmigrantes la tasa llega al 15%. El desempleo entre graduados universitarios es de 5%, entre los graduados universitarios descendientes de inmigrantes la cifra se quintuplica. Si vemos la televisión francesa, no encontraremos ningún presentador de televisión de origen árabe o africano. Panorama similar observamos en el Parlamento. El Estado francés es plenamente conciente de dicho problema. El año pasado, el Tribunal de Cuentas concluyó que la política de integración francesa había fracasado, y que la situación podía generar “serias tensiones sociales y raciales”.


Pero el Estado francés no solo excluye a parte de sus habitantes, sino que los reprime con violencia. En marzo, Amnistía Internacional denunció el racismo violentista con el que la policía de dicho país se dirige a la población no blanca. Prueba de ellos es que el 9 de noviembre pasado, ocho policías fueron arrestados por golpear salvajemente a un inmigrante en pleno París. Pero esta vez ni la furiosa represión policial bastó para restaurar el orden, la policía había sido sobre pasada. Fue necesario que el presidente Chirac declarara el Estado de emergencia en todo el país, y que se reactivara una ley de 1955 dada durante la guerra de Argelia que permite a las autoridades locales imponer el toque de queda (como efectivamente lo hicieron), para que la situación empiece a recobrar la normalidad

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Recobrar la normalidad. Eso resulta casi igual de preocupante que la situación por la que atravesó Francia en estos días. Un periodista de la BBC comenta que “los suburbios están llenos de gente desesperada por integrarse a la sociedad en su conjunto”. Pero el sistema político francés parece haber quedado sin ideas, sin credibilidad y, peor aún, parece nunca haber tenido la voluntad política de integrar a esta gran masa de franceses.
Y es que, al final, el sistema político francés es un reflejo de la sociedad de los no excluidos en Francia. Sociedad que se niega a aceptar que el panorama social ha ido cambiando de forma considerable en los últimos treinta años. Sociedad que niega a sus compatriotas la integración, votando por quienes ofrecen reprimirlos aún más (el candidato ultraderechista – Jean Marie Le Pen – llegó a la segunda vuelta en las elecciones generales del 2002).


Si no se realiza este cambio de actitud y de política, la calma que parece recobrar Francia el día de hoy será tan solo la que se vive en el ojo de un huracán. Y esto amenaza con expandirse por otros países. En las últimas semanas se ha dado cuenta de disturbios en Holanda, Grecia, España, Suiza, Bélgica y Dinamarca. Todo parece indicar que en Europa la lucha por la ciudadanía ha comenzado, y solo se detendrá cuando se alcance lo que merecidamente se solicita.

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14/11/2005

Momento de definiciones

El pasado domingo 6, en horas de la tarde, una noticia sorprendió a peruanos y chilenos: el prófugo de la justicia, Alberto Fujimori, había dejado su refugio japonés, a pocos días de cumplirse 5 años de su renuncia vía fax a la Presidencia de la República. Nadie, ni sus más cercanos colaboradores, esperaban una jugada tan audaz, logrando burlar a la Interpol en Mexico y Chile.

Aquel domingo se vivía momentos de tensión, la población no sabía que estaba ocurriendo, ni lo que podía pasar. ¿Por qué Fujimori no era detenido? ¿Se atrevería a cruzar la frontera? ¿Sería Chile su nuevo refugio? Las interrogantes eran muchas, y muy pocas las respuestas. Es en momentos como ese en que uno espera que los líderes políticos tomen una posición tajante – en este caso de protesta e indignación – y sepan guiar a la confundida opinión pública.

Pero, ¿quién fue el primer líder político en pronunciarse en dicho contexto? ¿Alan García? ¿Lourdes Flores? ¿Valentín Paniagua? No. La candidata socialista a la Presidencia de Chile, Michelle Bachelet. A las pocas horas de la presencia en Chile, Bachelet salió en rueda de prensa y preguntó qué hacía Fujimori en Chile y porque no había sido capturado.

Algunos dicen que la intervención de Bachelet fue clave para la posterior captura de Fujimori. En todo caso, resulta paradójico que sea un líder político chileno el primero en pronunciarse sobre el caso Fujimori. Fue recién después de capturado el prófugo ex gobernante que Paniagua, García y Flores se pronunciaron, estos dos últimos de forma muy tibia.

A poco menos de seis meses de las elecciones, flaco favor le hacen este tipo de indefiniciones políticas al proceso electoral. Se debe dejar de lado el cálculo político y el oportunismo. Para poder elegir de forma adecuada al siguiente gobierno, los ciudadanos debemos saber qué es lo que proponen los candidatos, y cuales son sus posiciones frente a los principales temas de la realidad del país. El caso Fujimori es uno de ellos.

Posted by Alberto at 04:44:26 | Permanent Link | Comments (0) |