Elegimos un presidente, no un detergente
Si bien a ambos le exigiremos limpieza, lo que vamos a elegir el próximo mes de abril es al Presidente de la República y no a un detergente. Menciono esto porque la campaña amenaza con convertirse en una guerra de marketing más que en un debate de ideas y propuestas. Veremos a los candidatos en pueblos jóvenes, bailando huaynos, inaugurando cabinas de Internet, pero de propuestas y definiciones escucharemos muy poco. Y lo peor de todo es que les da resultado. ¿Quién puede explicar la plataforma de Ollanta Humala? Dice ser rabiosamente nacionalista, sin embargo no se encuentra una sola definición de su parte. ¿Cerrará las puertas al comercio exterior? ¿Intentará una vez más la industrialización por sustitución de importaciones? ¿Volveremos un Estado empresario? Nadie lo sabe, y a nadie parece importarle. La última encuesta de la Universidad de Lima lo muestra con un importante avance en intención de voto en la capital.(su plaza más difícil).
Y es que los candidatos le dan a los potenciales electores lo que ellos quieren. El ejemplo más representativo es el de las elecciones de 1990. Pese a la crisis social, política y económica que vivía el país, parece que no se buscaba propuestas programáticas sino a un personaje medianamente carismático y de propuestas “ligeras”. Es así que Henry Pease con la Izquierda Unida obtienen solo un 8% (pese a tener al prestigioso economista Javier Iguiñiz como jefe del plan de gobierno), y Mario Vargas Llosa con el Fredemo (y la por entonces innovadora propuesta neoliberal) pierden frente a un candidato que sus propuestas se resumían a ofrecer “honradez, tecnología y trabajo”. Fujimori fue elegido sin plan de gobierno y sin equipo. Al poco tiempo asumió el paquete neoliberal del Fredemo, pese a que el rechazo a este fue uno de los motivos de su elección.
Ese es el principal riesgo de este tipo de campañas: uno no sabe que está eligiendo. Este resulta perjudicial para la democracia, no solo porque será difícil exigirle cuentas a quien salga elegido, sino por lo rápido que la ciudadanía se desilusiona de quien han elegido. En sistemas tan endebles como el nuestro, sabemos lo peligroso que esto resulta.
Es por ello que, como electores y ciudadanos, debemos exigirle a los candidatos que nos presenten una agenda con sus propuestas para políticas de gobierno y de Estado. Me atrevo a plantear algunas interrogantes sobre las mismas, planeo revisar las respuestas a de los candidatos a ellas en sus planes de gobierno (si es que los tienen) antes de decidir mi voto.
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Preguntas en espera de respuestas:
- CVR. ¿Se piensan implementar las recomendaciones de la CVR y su programa integral de reparaciones?
- Reforma del Poder Judicial. ¿Cuál es su posición frente a la CERIAJUS y como piensa implementar sus recomendaciones?
- Educación. ¿Cuánto porcentaje de nuestro presupuesto irá a Educación? ¿Se cumplirá por fin lo que dice el Acuerdo Nacional?
- Regionalización. Luego del fracaso del referéndum, ¿Cómo se planea eguir impulsando dicho proceso?
- Política Anticorrupción. ¿Se piensa retomar el trabajo de la comisión nacional anticorrupción? ¿El contralor de la República será propuesto por el oficialismo o por la oposición?
- Políticas de salud reproductivas. ¿Cómo piensa impulsarlas? ¿Cuál es su posición frente a la AOE?
- Comercio exterior. ¿Se piensa seguir negociando tratados de libre comercio con otros países? Si es así, ¿se planea realizar estudios previos del impacto que estos generarían, para ver que áreas se deben proteger?
- Defensa. ¿Se seguirá promoviendo el armamentismo?
- Ministros. ¿Se planea tener los llamados ministros-fusibles o serán funcionarios que acompañarán al presidente los 5 años?


